Complicaciones de la gota: riesgos y prevención
Las complicaciones de la gota (tofos, daño articular, cálculos y enfermedad renal asociada) y lo que recomiendan los reumatólogos para prevenirlas.
La gota puede parecer leve durante las primeras crisis: el dolor acaba pasando. Sin embargo, es una enfermedad crónica. Como recuerda la revisión de Dalbeth et al. (The Lancet, 2021), se debe al depósito de cristales de urato dentro y alrededor de las articulaciones, y es tratable: un tratamiento hipouricemiante a largo plazo disuelve esos cristales y acaba previniendo las crisis y los tofos.
Sin tratamiento, el exceso de ácido úrico persiste y las complicaciones pueden afectar a las articulaciones y también a los riñones. Además, la gota se asocia a menudo con enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
En este artículo repasamos las principales complicaciones de la gota, lo que las favorece y cómo prevenirlas. No sustituye la opinión de tu médico.
Las principales complicaciones articulares
La artritis gotosa crónica
Cuando el ácido úrico sigue alto durante años, las crisis pueden volverse más frecuentes, afectar a más articulaciones y dejar dolor entre una crisis y otra. Los depósitos permanentes de cristales mantienen entonces una inflamación que daña poco a poco:
- El cartílago articular
- El hueso situado bajo el cartílago (erosiones visibles en la radiografía)
- Los tejidos que rodean la articulación
Las articulaciones afectadas con más frecuencia son las del pie (sobre todo el dedo gordo), los tobillos y las rodillas, y después las muñecas, los dedos y los codos.
Punto clave: estas lesiones se previenen con un tratamiento hipouricemiante que mantenga el ácido úrico por debajo del objetivo fijado con tu médico.
Los tofos gotosos
Los tofos son acumulaciones visibles de cristales de urato, en forma de bultos blanquecinos bajo la piel. Suelen aparecer tras varios años de hiperuricemia sin controlar.
Se encuentran sobre todo:
- En el pabellón de la oreja
- Alrededor de las articulaciones de los dedos de manos y pies
- En el codo
- En los tendones, sobre todo el de Aquiles
Los tofos no son solo un problema estético. Pueden:
- Comprimir los nervios cercanos
- Ulcerarse e infectarse
- Limitar la movilidad de la articulación
- Provocar dolor crónico
La buena noticia: un tratamiento hipouricemiante a largo plazo disuelve los cristales y previene los tofos, según la revisión de Dalbeth et al. (2021). Más detalles en nuestra guía completa de tratamientos contra la gota.
Complicaciones renales: un riesgo subestimado
La litiasis úrica
Las personas con gota tienen cálculos renales con más frecuencia, entre ellos cálculos de ácido úrico.
Estos cálculos se forman con más facilidad cuando:
- La orina contiene mucho ácido úrico
- La orina es ácida
- Se bebe poco (orina concentrada)
Síntomas posibles:
- Cólico nefrítico (dolor intenso en la espalda o el costado)
- Sangre en la orina
- Infecciones urinarias repetidas
La insuficiencia renal crónica
La gota y la enfermedad renal crónica suelen ir juntas, y la relación funciona en los dos sentidos: unos riñones que funcionan peor eliminan menos ácido úrico, y un ácido úrico alto de forma persistente, junto con las enfermedades que lo acompañan (hipertensión, diabetes), puede afectar a los riñones.
Controlar con regularidad la función renal (creatinina, filtrado glomerular) forma parte del seguimiento de la gota. También sirve para ajustar los medicamentos.
Impacto cardiovascular de la gota
Según las recomendaciones de la EULAR para el diagnóstico de la gota (2020), toda persona con gota debería ser evaluada de forma sistemática para detectar enfermedades asociadas y factores de riesgo cardiovascular.
Hipertensión arterial
La hipertensión es frecuente en las personas con gota. Algunos tratamientos para la tensión (diuréticos) suben el ácido úrico: nunca dejes un tratamiento por tu cuenta, pero coméntalo con tu médico.
Síndrome metabólico
La gota se asocia con frecuencia a:
- Exceso de grasa abdominal (perímetro de cintura elevado)
- Diabetes tipo 2 o glucosa alta
- Alteraciones del colesterol y los triglicéridos
- Hipertensión arterial
Cuando estos factores se suman, aumenta el riesgo cardiovascular: conviene tratarlos a la vez que la gota.
Para manejar una crisis aguda, consulta nuestra guía de lo que hay que hacer durante una crisis de gota.
Estrategias de prevención eficaces
Control de la uricemia
Las recomendaciones de la EULAR (2016) fijan objetivos de uricemia durante el tratamiento:
- Objetivo general: < 6 mg/dL (360 μmol/L)
- Gota grave (por ejemplo, con tofos): < 5 mg/dL (300 μmol/L)
El ACR (2020) recomienda el alopurinol como primera elección, empezando con dosis bajas y subiendo poco a poco con una estrategia de «tratar hasta el objetivo», y aconseja de forma condicional mantener el tratamiento indefinidamente. Hay otros medicamentos (febuxostat, uricosúricos) según el caso. Las dosis las fija tu médico, sobre todo según tu función renal.
Cambios en el estilo de vida
Adaptaciones dietéticas
El ACR (2020) recomienda, de forma condicional, limitar el alcohol, las purinas y el jarabe de maíz rico en fructosa, y perder peso si hay sobrepeso. La alimentación ayuda, pero no sustituye al tratamiento cuando está indicado.
Alimentos a limitar:
- Vísceras
- Algunos pescados y mariscos (anchoas, sardinas, mejillones)
- Carne roja en grandes cantidades
- Bebidas azucaradas y alcohol de cualquier tipo (cerveza, vino, licores)
Alimentos recomendados:
- Lácteos: en hombres seguidos durante 12 años, su consumo se asoció a un menor riesgo de gota (Choi et al., NEJM 2004)
- Cerezas: en 633 personas con gota, comerlas se asoció a menos crisis en los días siguientes (Zhang et al., 2012); es una asociación, no una prueba de efecto
- Verduras, incluidas las más ricas en purinas como las espinacas: su consumo moderado no se asoció a un mayor riesgo de gota en los hombres seguidos en ese mismo estudio (Choi et al., NEJM 2004)
- Cereales integrales y legumbres, dentro de una alimentación variada
Para un enfoque nutricional completo, consulta nuestra guía de alimentos ricos en purinas.
Hidratación y actividad física
Beber lo suficiente (el agua sigue siendo la mejor opción) reduce el riesgo de cálculos. La actividad física regular, adaptada a tus articulaciones, ayuda a:
- Mejorar la sensibilidad a la insulina
- Controlar el peso
- Proteger el corazón y los vasos
Seguimiento médico regular
Un seguimiento regular, con la frecuencia que fije tu médico, permite detectar pronto las complicaciones. Suele incluir:
- Uricemia (sobre todo mientras se ajusta el tratamiento)
- Función renal (creatinina, filtrado glomerular)
- Perfil lipídico y glucosa
- Tensión arterial
- Exploración de las articulaciones y búsqueda de tofos
Manejo de las complicaciones ya establecidas
Tratamiento de los tofos
Los tofos grandes pueden requerir:
- Un tratamiento hipouricemiante con un objetivo más bajo, mantenido en el tiempo
- Cirugía, en casos poco frecuentes: compresión de un nervio, infección, molestias importantes
Manejo de la insuficiencia renal
Si la función renal está disminuida:
- El médico ajusta las dosis de los medicamentos; el ACR recomienda el alopurinol como primera elección, también en la enfermedad renal crónica moderada a grave
- Se vigila de cerca la tensión arterial
- Puede pedirse la opinión de un nefrólogo
Prevención cardiovascular
Tu médico evalúa tu riesgo cardiovascular global y decide los posibles tratamientos (tensión, colesterol, diabetes). Ninguno de ellos debe empezarse ni dejarse sin consejo médico.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo tardan en desaparecer los tofos?
Suelen hacer falta meses o incluso años, según su tamaño y el nivel de ácido úrico que se consiga. Un tratamiento hipouricemiante a largo plazo disuelve los cristales y acaba previniendo los tofos (Dalbeth et al., 2021).
¿Puede la gota provocar realmente una insuficiencia renal?
La gota y la enfermedad renal crónica suelen ir asociadas, y la relación funciona en los dos sentidos. Por eso se controla con regularidad la función renal en las personas con gota.
¿Se pueden prevenir las complicaciones de la gota?
La mayoría pueden evitarse con un tratamiento que mantenga el ácido úrico por debajo del objetivo, cambios en el estilo de vida y un seguimiento médico regular. Cuanto antes se empiece, mejor.
¿Son reversibles las complicaciones de la gota?
Depende del tipo y de la fase. Los tofos pueden reducirse con un tratamiento bien seguido. En cambio, la destrucción articular avanzada y la enfermedad renal grave suelen ser irreversibles; de ahí la importancia de la prevención.
¿Hay que suspender el tratamiento hipouricemiante durante una crisis?
No, en general no hay que suspenderlo durante una crisis: los cambios bruscos de ácido úrico pueden mantener las crisis. La crisis se trata en paralelo, como se explica en nuestro protocolo de alivio rápido. Pide consejo a tu médico.
¿Con qué frecuencia hay que controlar el ácido úrico?
Con más frecuencia mientras se ajusta el tratamiento, y menos una vez alcanzado y estabilizado el objetivo. La frecuencia la fija tu médico.
